El auge de los retoques faciales impulsado por celebridades y redes sociales: riesgos involucrados

Una joven se encuentra deslizando su dedo por la pantalla de su móvil. Está en TikTok, donde los videos se suceden rápidamente. Se detiene al ver un “antes y después” de una influencer: su cara redonda se transforma, gracias a una transición, en un rostro afinado con una mandíbula impecable, pómulos elevados y labios voluminosos y brillantes. Esto no es un simple filtro temporal, es un ideal que se repite y que muchas chicas quieren replicar fuera de las redes, en clínicas de estética.

La influencia de las celebridades

El interés por los “rostros estilizados” (mandíbulas definidas, narices respingadas, caras simétricas y alargadas) se ha apoderado de adolescentes y personas en sus veintes. Este fenómeno, exacerbado por las redes sociales, toma como referentes a íconos como las estrellas del pop urbano de Argentina, Emilia Mernes y Nicki Nicole. Se especula mucho sobre los procedimientos estéticos de estas artistas, y sus jóvenes admiradores desean asemejarse a ellas.

El auge de plataformas como TikTok e Instagram, junto con la creciente accesibilidad de procedimientos cosméticos, alimenta este fenómeno. Sin embargo, los profesionales de la estética imponen un límite: la verdadera belleza no se reduce a simples inyecciones ni efectos de filtro.

Un número creciente de jóvenes actúan por el deseo urgente de verse mayores de lo que son realmente, recurriendo a múltiples intervenciones que, al final, les dan una apariencia más madura de la que deberían. “La adolescencia es una etapa llena de inseguridades y baja autoestima. Las redes sociales y las selfies agudizan estos problemas”, señala Fernanda Cohen, médica especializada en estética.

La moda estética y su impacto en los jóvenes

Fernanda Cohen explica que para los adolescentes, seguir una tendencia marca un camino hacia la aceptación social. “Quieren parecerse a sus ídolos porque creen que ciertas características físicas se vinculan con el éxito. Es una fantasía que los profesionales debemos identificar y gestionar”, advierte.

El encanto no se limita solo al ámbito musical. En una era dominada por algoritmos, los ejemplos de “perfección” visual proliferan. El cirujano plástico Fernando Felice lo explica en términos de consumo: “Para los jóvenes, lo que se ve en redes sociales es real. Sufren de FOMO (miedo a perderse algo) y, por ello, buscan parecerse a cantantes e influencers deseando alcanzar esos ideales”. Asimismo, advierte que “el uso excesivo de productos puede hacer que una joven de 20 años parezca de 35”.

Procedimientos estéticos populares y sus riesgos

El deseo de tener labios voluminosos encabeza las solicitudes, seguido por el deseo de definir mandíbula, nariz y mentón. El ácido hialurónico, en particular, ha ganado popularidad en los consultorios. “Es un tratamiento seguro si se usa adecuadamente. Sin embargo, el exceso puede deformar rostros y causar complicaciones graves como granulomas, inflamaciones, necrosis de tejido e incluso ceguera”, alerta Felice.

Cohen está de acuerdo en que las técnicas poco invasivas y de rápida aplicación atraen a chicas cada vez más jóvenes. Sin embargo, advierte: “Un procedimiento estético no es como ir a la peluquería; cada intervención deja una marca estética permanente”. También menciona la “cosmeticorexia” durante la adolescencia: el uso compulsivo de productos cosméticos que, sin supervisión, puede dañar la piel en lugar de mejorarla.

El papel del entorno digital y la presión social

Hilda Catz, psicoanalista y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, sugiere que el impulso de los adolescentes por modificar su apariencia para parecerse a popstars no puede desvincularse del entorno digital. Su análisis lo contextualiza dentro de un marco de identidad y cultura que condiciona a los jóvenes a seguir un estándar de belleza mientras desgasta las relaciones personales que deberían sostenerlos.

Catz explica cómo la tecnología, con sus placeres visuales inmediatos, fomenta una cultura que descarta la diversidad a favor de una “imagen reflejada imaginaria”, eliminando la posibilidad de encontrar aceptación en la mirada ajena. En ese contexto, el uso digital no filtra el contenido tóxico, exponiendo a jóvenes a la presión de adaptar sus cuerpos a modelos irreales. Esta conformidad a menudo lleva a cirugías y cambios físicos prematuros como una respuesta cultural rápida a la falta de identidad.

De acuerdo con su perspectiva, el verdadero conflicto no radica en las inyecciones, sino en la debilidad de los vínculos formativos. Catz afirma que cuando las funciones parentales se desmoronan, los adolescentes buscan modelos sustitutos que pueden presentarse en diversas formas, desde grupos sectarios hasta ídolos digitales que ofrecen un falso sentido de autoridad. Esto genera una ilusión de protección frente a lo que Catz denomina “adulticidio”, una cultura que despoja a los adultos de su función de apoyo y deja a los jóvenes perdidos en una libertad falsa y desenfrenada.

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El peligro, señala Catz, es convertirse en víctimas de “la perversa cultura del consumismo”, donde la pantalla ofrece un consumo que devora sin devolver una mirada que otorga sentido de existencia. Por ello, resalta la necesidad de trabajar en la prevención desde edades tempranas, apoyando a las familias y reconstruyendo lazos que promuevan encuentros genuinos. En lugar de criticar, se trata de construir espacios de intimidad ante un entorno que empuja hacia la superficialidad.

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En este contexto, las intervenciones estéticas no son meras modas, sino que reflejan un problema más amplio donde la subjetividad de los jóvenes corre peligro, atrapada entre la falta de apoyo emocional, estéticas unificadas y un entorno digital que da respuestas rápidas a cuestiones que requieren tiempo y conexión humana.

La armonización facial reúne técnicas como toxina botulínica, rellenos, bioestimuladores y peelings que prometen equilibrar el rostro. “No se busca cambiarlo, sino resaltar la belleza intrínseca y devolverle equilibrio y frescura”, dice Cohen. Sin embargo, enfatiza que con adolescentes se debe ser más cuidadoso: deben estar listos, pensar más detenidamente y esperar para asegurarse de que su deseo es genuino.

Felice aporta una perspectiva práctica: no todo lo popular en redes es necesario. “El simple hecho de que alguien consulte no significa que debamos proceder con un tratamiento. A menudo, lo más profesional es decir no y explicar por qué”, afirma.

Es común que los consultorios reciban a jóvenes con imágenes de sus ídolos. “No tiene nada de malo que las traigan”, dice Felice. “Pero al final, lo primordial es mirar su propia imagen en el espejo y trabajar desde ahí. No podemos borrar la identidad de una persona para imitar otra. Cada uno tiene su potencial de belleza máxima y alcanzar ese potencial sin perder la naturalidad es clave”, subraya.

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Cohen coincide, indicando que, a menudo, el trasfondo es la creencia de que la belleza y el éxito están correlacionados. “El peligro es pensar que con un pómulo o nariz específica se puede tener la misma vida que esas figuras”, comenta. Por esta razón, tanto médicos como psicólogos enfatizan la importancia de un diagnóstico integral que incluya la dimensión emocional y social del paciente.

De nuevo en TikTok, la joven continúa navegando. Otro “antes y después” ya aparece en el algoritmo.

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