“En los años 30, los seres humanos pasaban la mayoría de su día con seres queridos, mientras que actualmente el 60% del tiempo lo dedicamos a estar conectados. Este cambio afecta no solo nuestro modo de vida, sino también cómo trabajamos y establecemos relaciones. Estudios recientes indican que la exposición constante a dispositivos tecnológicos altera nuestras percepciones, y en niños menores de 2 años, influye de manera significativa en su desarrollo cerebral”, expone Mercedes Mateo Díaz, líder de la División de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Continúa: “La evidencia revela que en esos infantes se produce un adelanto en la formación de sus conexiones neuronales, lo cual no resulta positivo. El motivo es que el cerebro se está desarrollando a un ritmo acelerado, omitido etapas esenciales de crecimiento. Esto también impacta en adolescentes y jóvenes: existe evidencia que sugiere que el uso de la IA Generativa está causando un déficit cognitivo y una mayor incidencia de ansiedad”.
Desafíos actuales de la educación superior
Con esta advertencia presentada, surge la pregunta: ¿cómo puede la educación adaptarse a estos profundos cambios? Y más concretamente, ¿cuál debería ser la función de las universidades, instituciones que están perdiendo su posición central frente a otras alternativas educativas?
Para Mateo Díaz, “hoy no podemos concebir la educación superior solo buscando mejoras. La discusión ya no es sobre cómo enseñamos con inteligencia artificial o cómo se la enseñamos a los estudiantes. Estamos debatiendo cómo coexistimos con un nuevo agente, la IA, que posee un potencial cognitivo superior al humano, y cuál será el lugar de la humanidad en este contexto”.
La intervención de Mateo Díaz es solo una de las más de 800 programadas durante el evento, el más grande de educación en el mundo hispanohablante, llevado a cabo en Monterrey, México, y que se extiende hasta el jueves.
Organizado por el Instituto para el Futuro de la Educación (IFE) del Tecnológico de Monterrey, este encuentro anual ha convocado a más de 4.300 individuos provenientes de 46 países, incluyendo especialistas, educadores, innovadores en desarrollo educativo, ONGs y líderes de instituciones educativas y gubernamentales, entre ellos 140 rectores universitarios.
Este año, el evento se ha caracterizado por un inusual frío, que ha bajado el termómetro por debajo de los cero grados, proveniente de Estados Unidos. La IA ha sido el tema que más interés y, quizás preocupación, ha suscitado.
En el imponente y contemporáneo campus del Tecnológico, se desarrollan variados eventos incluyendo conferencias magistrales sobre innovaciones educativas y proyectos de investigación, debates, presentación de libros, talleres, espacios para el “networking” y exposiciones de posters por parte de educadores y expertos de diversas naciones.
Aparte de la inteligencia artificial, otros asuntos que atraen la atención son los cambios que enfrenta la academia debido a las nuevas tensiones internacionales, la función crucial de la investigación científica en un contexto de “saturación de publicaciones” para mejorar en los rankings, y los retos que afronta la universidad como institución ante nuevos actores en la educación.
El impacto de la desglobalización
En ediciones anteriores no se abordaba el asunto, no obstante, este año cobró relevancia en múltiples exposiciones el impacto de los cambios geopolíticos en la educación superior y las oportunidades que esto puede brindar a América Latina.
Michael Fung, director ejecutivo del IFE, destacó que “las tensiones geopolíticas han reconfigurado la movilidad del talento”; una tendencia vislumbrada en los debates de Davos.
Habló de un fenómeno de “desglobalización”, reflejado en la competencia por el talento, especialmente en los campos de tecnología y datos, además de aspectos de seguridad.
Indicó que esto también repercute en la movilidad de estudiantes internacionales debido a la restricción de visados en varios países, especialmente en Estados Unidos.
La colaboración y flujo entre investigadores cambia, lo que representa una oportunidad para las universidades de la región, aunque Fung también señaló que los recortes presupuestarios en varias naciones plantean un reto para aprovechar estas oportunidades.
“Para 2026, la cuestión será cómo capitalizar esta situación para transformarla en una oportunidad. Es crucial desempeñar un papel activo en el desarrollo de competencias”, concluyó.
Volviendo a la inteligencia artificial, Mateo Díaz afirmó que América Latina enfrenta un desafío formidable para subirse a esta ola, debido a “dificultades estructurales” en los sistemas educativos que limitan la generación de talento de forma óptima.
También ofreció una perspectiva sobre la IA y el empleo: diferenció los trabajos en tareas únicas y los denominados “desorganizados”, que necesitan la integración de diversas habilidades.
Para las tareas únicas, la inteligencia artificial es extraordinaria. Puede aprender y automatizar eficientemente.
No obstante, los trabajos en los que es esencial la cooperación y diferentes puntos de vista, la inteligencia artificial no los puede realizar eficazmente. Estos requieren pensamiento crítico, empatía, y comprender entornos socioculturales y la dinámica de los grupos. Por ejemplo, asimilar los ciclos políticos.
“Estos son los empleos del porvenir; son los conocimientos y competencias que las universidades deben proporcionar”, afirmó la experta española.
La investigación bajo escrutinio
La conferencia también abordó la manera actual de llevar a cabo la investigación científica. Javier Guzmán, vicepresidente de Investigación del Tec de Monterrey, criticó que se están realizando investigaciones solo para acumular publicaciones y mejorar en “rankings dudosos”, sugiriendo que las investigaciones deben aportar valor a la sociedad.
“Podemos, por ejemplo, investigar en el ámbito educativo cuál sería el modelo más efectivo para el aprendizaje de los estudiantes. Quizás el avance tecnológico nos permita retornar a modelos de enseñanza personalizados, lo cual podría ser beneficioso. Pero para constatarlo, es necesario investigar”, explicó Guzmán.
“Pienso que en América Latina podemos redefinir la manera de investigar. Aunque carecemos de los recursos que tienen otros países, tenemos ingenio y talento. Podemos ofrecer mucho si establecemos las alianzas correctas”, añadió.
Un llamado a transformar la educación
El objetivo principal del encuentro es repensar la universidad con una visión renovada para América Latina. José Escamilla, director asociado del IFE, declaró que este jueves harán un llamado a todas las universidades de la región para implementar este cambio.
Mencionó que presentarán un plan para transformar las universidades, que contemple cómo debería ser la futura educación superior y los ecosistemas formativos continuos. Esto significa abarcar no solo a los jóvenes sino también a los adultos.
Clarín preguntó sobre el formato de dicho llamado. Escamilla adelantó que ofrecerán herramientas para evaluar cada institución, medir sus avances, capacidades adquiridas y orientarlas sobre hacia dónde deben dirigirse. El mensaje del evento es que la transformación es más urgente que nunca.
Desde Monterrey, México
