La historia detrás del sable corvo
La historia de Argentina a menudo parece estallar, casi literalmente, a través de símbolos y objetos de profundo significado histórico. La eterna fascinación por el cuerpo de Eva Perón, que fue secuestrado y vejación sufrió, llevó a las fuerzas armadas a considerar la explosión de su cadáver en un descampado por los gases resultantes de su embalsamamiento. Un símbolo de pasión y discordia que refleja la complejidad de un país; su relato ha sido plasmado en el emblemático libro Santa Evita.
El nuevo destino del sable de San Martín
Recientemente, el sable corvo de José de San Martín volvió a captar la atención pública cuando el presidente Javier Milei decretó su traslado del Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos.
Este movimiento va más allá de una simple reubicación de inventario. La reliquia, que parece tener un filo siempre afilado, ha mudado de lugar cada vez que Argentina ha sentido perder el control sobre su narrativa histórica. Así, la nación se aferra al acero como si fuera una medida de temor más que de recuerdo.
Los documentos del Instituto Nacional Sanmartiniano
Existen varias obras destacadas sobre San Martín, desde el análisis de su pensamiento en La voz del gran jefe de Felipe Pigna hasta el estudio de Martín Kohan en Narrar a San Martín. Sin embargo, un pequeño texto del Instituto Nacional Sanmartiniano, publicado en julio de 1978 y disponible actualmente en formato PDF, resulta particularmente revelador sobre el tema: El sable del general San Martín.
En sus 50 páginas, el documento narra cómo Argentina ha decidido historicamente que su símbolo máximo debe permanecer encerrado cada vez que la situación se vuelve insostenible.
Durante el fervor del Mundial, este archivo documenta el trayecto de un San Martín que solicitó tranquilidad en su testamento al trastorno que llevaron los decretos militares que finalmente llevaron a su sable a estar resguardado en un cuartel.
El legado de un líder y un destino controvertido
En la página 9 del documento, se encuentra el testamento de San Martín. Su mandato inicial fue conciso: “Prohíbo el que se me haga ningún género de funeral”. El Libertador deseaba partir discretamente, del mismo modo que evitó verse involucrado en las guerras civiles. El testamento revela cómo Rosas dispuso el destino final del sable: entregarlo al Gobierno de la Confederación Argentina después de su fallecimiento y el de su hija Manuelita, como agradecimiento por haber defendido la soberanía nacional de agresiones extranjeras. Curiosamente, también dedicó secciones a cuestiones personales, como el cuidado de sus perros ‘Soto y Gulot’.
El sable como objeto de pugnas políticas
El Decreto 26.735, fechado el 18 de diciembre de 1950, durante el “Año del Libertador”, formó parte del legado político de Perón. Él estableció el Centro de Estudios y el Museo Nacional Sanmartiniano, reflejando la voluntad de que el Estado se responsabilizara por preservar y difundir la historia de San Martín.
Con el tiempo, el sable no fue una baja en la guerra, sino que se transformó en un bastión de las disputas políticas internas. El PDF documenta cómo la seguridad del Museo Histórico Nacional se vio desbordada en dos ocasiones: un comando de la Juventud Peronista sustrajo la reliquia en agosto de 1963 para intentar enviársela a Perón, quien aún permanecía en el extranjero.
En 1965, un suceso similar tuvo lugar, esta vez bajo la ejecución del Movimiento Nueva Argentina. Estos eventos no fueron robos comunes, sino operaciones para recuperar un símbolo poderoso. Ante la incapacidad de controlar la carga política que el sable encarnaba, el Estado optó por una solución de fuerza.
1967: La deliberación del encierro
El documento menciona cómo el gobierno de Juan Carlos Onganía firmó el Decreto 1256, trasladando el sable al Regimiento de Granaderos. Fue una acción que militarizó el símbolo ante la imposibilidad de mantenerlo protegido en un ámbito civil. El sable dejó entonces de ser un patrimonio de exhibición abierta, para convertirse en un objeto custodiado por fuerzas militares.
En 2015, la administración de Cristina Kirchner lo volvió a depositar en el Museo Histórico Nacional, procurándose que sirviera como un recordatorio para la memoria ciudadana. No obstante, la tranquilidad fue efímera. Esta semana, el sable retorna al cuartel bajo una nueva disposición.
San Martín: De símbolo a legado invaluable
En una Buenos Aires acostumbrada a confundir lo político con el entretenimiento en la calle Corrientes, San Martín fue el único en resistirse a la división: en 1829, al regreso a una Buenos Aires convulsionada por luchas entre unitarios y federales, se negó a desembarcar. Prefirió embarcarse de regreso al exilio antes que utilizar su sable contra sus compatriotas. Un valentísimo gesto que enseña la importancia de la cohesión nacional.
El sable corvo de San Martín representa más que un simple relicario; es un emblema. “Jamás usaré mi sable para derramar sangre de mis hermanos”, dijo en una de sus frases más conocidas. El dilema persiste: a día de hoy, aún existen disputas sobre quién tiene el derecho a guardar su espada en la vaina.
