La significativa disminución en las tasas de natalidad en Argentina (-40% en una década) ya está dejando ver sus efectos en las aulas del país, con una baja en la inscripción de alumnos a todos los niveles. Se anticipa para 2030 un panorama donde habría 1,2 millones de estudiantes menos que en 2023, y una inusual cifra promedio de alumnos por docente de 12, comparado con los 16 actuales.
Un reciente estudio realizado por Argentinos por la Educación, titulado “Presente y futuro de la cantidad de alumnos por docente y por grado”, advierte que en solo cuatro años, la matrícula en primaria podría experimentar una caída del 27%.
Mediante las proyecciones poblacionales de la Dirección Nacional de Población (DNP) del Ministerio del Interior y tamizado por el Relevamiento Anual de la Secretaría de Educación, el informe también sugiere la necesidad de reconfigurar los recursos, la infraestructura y los puestos de trabajo en el ámbito educativo.
Impactos diferenciados en el sistema educativo
¿De qué manera afectará esto en cada región del país? Las disminuciones no serán iguales en todas partes. En términos absolutos, Buenos Aires verá una merma de 510,433 estudiantes (-30.5%), Ciudad Autónoma de Buenos Aires 92,540 (-34.0%), y Santa Fe 87,770 (-24.5%). En relación al tamaño del sistema educativo, las caídas más drásticas se esperan en Tierra del Fuego (-36.1%), Santa Cruz (-34.9%), y la Ciudad de Buenos Aires (-34.0%).
Manteniendo constante el número de docentes, los ratios más bajos de alumnos por maestro se registrarían en Catamarca, CABA, y La Pampa, con entre 7 y 8 estudiantes por maestro. Mientras tanto, Buenos Aires, Mendoza, Córdoba, y Misiones presentarían los ratios más altos con valores entre 13 y 15 alumnos por docente.
También se prevé una baja en el número de grandes grupos: si el número de cursos se mantiene igual que en 2023, las aulas con un número entre 25 y 29 alumnos disminuirían del 29.4% al 3.5%, y aquellas con 30 o más alumnos caerían del 14.1% al 0.4%.
En contraste, crecerá el número de aulas de tamaño reducido: aquellas con entre 15 y 19 estudiantes pasarían de representar el 17.5% al 48.8%, y las de menos de 15 alumnos del 4% al 22.2%. Este fenómeno se manifestaría en todas las provincias, pero variando en intensidad.
En la actualidad, Catamarca, La Rioja, y Entre Ríos son las provincias con mayor número de aulas pequeñas. Se espera que para 2030 lideren este grupo Tierra del Fuego, Río Negro, y Santa Cruz. Las provincias que actualmente cuentan con una alta proporción de grupos numerosos, como Buenos Aires, Tucumán, Mendoza, y Córdoba, también se moverán hacia la tendencia de contar con aulas más reducidas en tamaño.
“La caída en las tasas de natalidad puede tener tanto efectos adversos como positivos. En la educación, sin embargo, puede ser una oportunidad: se pueden asignar más recursos a cada estudiante sin elevar el gasto global. La evidencia muestra que, si estos recursos se direccionan a intervenciones basadas en datos objetivos, el aprendizaje puede mejorar consideradamente”, indica Martín De Simone, especialista del Banco Mundial y coautor del estudio.
Aún así, advierte que “la inercia institucional y la falta de foco en el aprendizaje pueden llevar a que esta oportunidad se pierda”.
Una estructura que requiere ajuste
¿Qué significado tendría optimizar los recursos? Según el informe, para 2030 se necesitarían 50,043 cursos menos y redistribuir 71,250 puestos de docentes a nivel nacional. “El valor estimado de esta redistribución de personal sería de $966,304 millones anuales, alrededor del 15% del presupuesto actual para Educación en 2025”, explica el estudio.
Cecilia Adrogué, investigadora del Conicet y la Universidad de San Andrés y profesora de la Universidad Austral, apunta que las consecuencias serán diferentes entre entidades educativas públicas y privadas.
Explica Adrogué que, en las escuelas públicas, el presupuesto no está determinado por la demanda sino por las asignaciones gubernamentales, mientras que en colegios privados, la matrícula es clave para el financiamiento y tendrán el reto de manejar una estructura que se hará excesiva con menos estudiantes.
Ante este escenario, los autores proponen adoptar nuevas estrategias para usar los recursos de manera eficiente y basada en datos. Recomiendan reorganizar las secciones con menos matrícula, reasignar al personal docente a tutorías o programas adaptativos, extender la jornada escolar y fortalecer programas de apoyo no académico.
Otra posibilidad que sugieren es redirigir parte de los recursos hacia materiales pedagógicos, infraestructura o para evaluaciones y apoyo a los docentes, siempre de manera planificada y respetando derechos adquiridos.
Leyre Sáenz Guillén, magíster en economía y especializada en educación, señala que es limitado afirmar que “menos alumnos por aula es mejor”, pues implica una relación directa entre el tamaño de la clase y el aprendizaje, “cuando la evidencia sugiere variabilidad según el tamaño de las secciones, y menos alumnos no siempre es ideal”.
Para la experta, los alumnos se benefician no solo de sus profesores, sino también de sus pares. “El peligro de forzar a tener clases excesivamente pequeñas es perder parte de ese valioso aprendizaje entre compañeros. Como indica el informe, es momento de discutir políticas respaldadas por sólidas evidencias para mejorar la calidad educativa”.
Formación docente en declive
¿Se encuentra en descenso el número de jóvenes que estudian para ser docentes, o está en aumento en contraste con el menor número de alumnos?
De acuerdo a un informe de Argentinos por la Educación centrado en los Institutos de formación docente, el número de estudiantes bajó de 523,169 en 2015 a 498,443 en 2024, lo que representa una caída del 5%. Sol Alzú, analista de datos y coautora del informe, menciona que la matrícula en profesorados de formación docente varía entre provincias durante los años 2015 y 2024.
El sistema formador de docentes, detalla, se retrae en la mayoría de las provincias, especialmente en la Ciudad Autónoma y en el sur, mientras que el crecimiento en la Provincia de Buenos Aires y Chaco amortigua una caída más pronunciada a nivel nacional.
