Al cruzar el portón verde, el antiguo zoológico de Luján revela su estado de abandono. Una diferencia abismal entre lo que alguna vez fue y lo que ahora se percibe. El ambiente está cargado, mezcla de humedad y tierra rancia, y el silencio solo se interrumpe ocasionalmente por la aparición inesperada de una cabra y un camello entre el follaje, como guardianes del sitio.
Un Lugar Detenido en el Tiempo
El lugar parece detenido en el tiempo: vehículos oxidados al costado del camino, letreros deteriorados, y muchas jaulas vacías que todavía intrigan. Así comienza el recorrido por el recinto, donde sobreviven 62 felinos, dos osos y unos pocos animales que aún permanecen en los terrenos.
Unos 200 metros desde la entrada se levanta una carpa blanca. Representa un símbolo en medio de tanta soledad. Dentro, 15 expertos de Four Paws, una entidad internacional dedicada al bienestar animal, emprenden una misión inédita: el rescate de un gran número de felinos.
No hay tiempo para saludos formales, de inmediato Clarín es invitado a subir a la parte trasera de una camioneta blanca donde yace anestesiada la leona número 49. Tras un chequeo veterinario, la transportan a un espacio protegido para que se recupere poco a poco y aislada de otros. “Si los demás la ven débil, podrían agredirla”, comenta el Dr. Amir Khalil, quien lidera la misión en Argentina.
Descubrimientos Alarmantes
El primer animal fue inspeccionado el 23 de octubre. Un tigre con una gran herida en la cabeza y otra en la pata. “Los animales peleaban por comida en espacios reducidos”, narra Amir. Jaulas diminutas, cerrojos oxidados, senderos cubiertos de lodo. Cada área del zoológico es evidencia de un prolongado descuido.
“Muchas veces tuvimos que amputar las colas de los leones debido a peleas y confrontaciones entre ellos”, relata Luciana D’ Abramo, directora de Programas y parte del consejo ejecutivo de Four Paws.
El recorrido prosigue en un vehículo todoterreno en busca de otros dos animales pendientes de revisión veterinaria. El olor a tierra y heces parece venir y desaparecer en ráfagas. Al final, hay un corredor angosto con jaulas de apenas tres por dos metros, a 150 metros de la carpa.
Condiciones de los Animales
Los sonidos que emiten los animales no son de terror, sino un clamor por libertad. Algunos están demasiado delgados, otros extremadamente obesos. Las medidas de seguridad son casi inexistentes, es un milagro que ninguno haya escapado.
Julia Bohner, una de las veterinarias, con un dardo anestésico apunta desde fuera de la jaula. La leona queda dormida en 20 minutos. Con cuidado, el equipo la traslada al vehículo. En la carpa, los animales se pesan y colocan en dos mesas. “Animal 51 y 52”, anuncia alguien.
Una tabla junto a las mesas resume sus vidas: nombre, edad, peso y una lista de exámenes como ultrasonidos, dientes, garras, ojos, sangre, orina, microchip, vacunas y medicación.
Así comienza el arduo trabajo. Siete personas revisan cada animal meticulosamente. Muchos carecen de garras, removidas para prevenir peleas. “Para un animal, una garra es como un dedo para un humano. Afecta su alimentación”, dice Amir. Añade: “Algunos están más relajados tras eliminarles el dolor dental mediante cirugía. Esto es vital para su bienestar”.
El ultrasonido detectó que la leona 52 presenta problemas renales, posiblemente por una dieta deficiente en nutrientes. “No hay medicación para las enfermedades renales crónicas, se requiere una dieta especializada”, comenta Julia Bohner.
Más adentro, la propiedad es un laberinto. Los carteles están ocultos entre la vegetación y el tiempo. Cada tanto se vislumbran objetos antiguos que recuerdan escenas de terror: vehículos abandonados, tractores y maquinaria agrícola oxidada.
Para llegar a los osos Gordo y Florencia, se debe pasar por una casa cerrada y avanzar por un sendero poco frecuentado. Están apartados, en jaulas incluso más pequeñas. Se les observa irritados y agotados. Su falta de espacio se refleja en su comportamiento, aunque su futuro cambiará pronto.
Four Paws ya ha hallado un refugio para ellos llamado Belitsa en Bulgaria. En estos santuarios, los animales viven en un entorno natural, con amplio espacio y cuidados especiales. Gordo y Florencia serán los primeros osos en ser trasladados por avión a Bulgaria.
“Abrir la jaula de transporte al santuario es uno de los momentos más emocionantes. Resulta mágico”, comparte Luciana. Dada su frágil salud, los osos ya han pasado por evaluaciones médicas. Gordo pesa 350 kilos y se ha ajustado su dieta.
“No podemos ser ingenieros de la naturaleza”
El recorrido revela postales inusuales: leones y tigres compartiendo espacio. “Es raro, ya que en la naturaleza, tigres y leones habitan continentes distintos, Asia y África respectivamente. Sus encuentros son poco probables”, aclara Luciana.
El zoológico de Luján permitió durante años la reproducción descontrolada, alcanzando un total de 110 felinos, además de recibir otros animales de diferentes ubicaciones. Se decidió finalmente separar a los machos de las hembras.
“Cuando llegamos, ya había un esfuerzo por evitar crías. Estaban separados lo que contribuyó a que no encontráramos animales muy jóvenes, solo de seis años o más”, detalla Luciana.
Antes de la llegada de Four Paws, casi la mitad había fallecido debido a peleas y problemas médicos. La imagen más emblemática del zoológico de Luján era con un león dentro de la jaula; los visitantes podían tocarlos sin protección.
Turistas de Brasil, Perú y otras regiones llegaban buscando esa interacción, alimentarlos o incluso montar al elefante Shamira, quien murió poco después del cierre debido a la pandemia. “Era conocido por permitir el contacto directo con los animales”, comenta Luciana.
El controvertido parque, localizado en el kilómetro 58 del Acceso Oeste, fue objeto de múltiples denuncias por maltrato, sedantes y sacrificios. El zoológico abría todos los días y siempre atraía multitudes.
“Nos hallamos ante un elevado número de animales. Nos da esperanza pensar que ellos serán embajadores del sufrimiento de sus compañeros para fomentar un cambio de conciencia”, expresa la directora de Four Paws.
Actualmente, no existe un santuario capaz de recibir tantos felinos simultáneamente. Existen restricciones de importación rigurosas y cada especie necesita un espacio adecuado, diferente del encierro. “Debemos asegurarnos de que de verdad tengan una mejor vida”, sintetiza Luciana.
En los refugios de Four Paws no se permite la reproducción. E incluso, los machos son castrados. “Rescatamos animales de cautiverio para ofrecerles la mejor vida posible y asegurar que sean los últimos de sus familias en necesitar ese tipo de atención”, explica.
“No queremos ser solo una solución temporal”
Four Paws, entidad internacional que apoya a animales bajo influencia humana, ya había intervenido en Argentina. Sin embargo, ninguna misión fue tan exigente. Tras esos rescates, dejaron claro que no retornarían sin un marco legal establecido.
“Deseamos acompañar a Argentina en este cambio, no solo rescatando, pero también apoyando reformas legales y controles. No queremos ser solo una solución temporal, que al poco tiempo surjan más animales debido a la cría, tráfico y explotación”, explica Luciana.
Añade: “Nos llevó casi dos años obtener acceso, hasta que en julio de 2025 firmamos un acuerdo de cooperación con la Subsecretaría de Ambiente. Si hubiéramos tenido acceso antes, podríamos haber salvado a más animales”, lamenta.
Desde el 1 de septiembre, Four Paws gestiona el sitio. En noviembre finalizaron los chequeos veterinarios y ahora comienza la fase más compleja. Hallar un destino para los 62 felinos, organizar traslados y asegurar que cada uno llegue a un santuario preparado para recibirlos. “Hasta que se lleven al último animal, nuestro equipo permanecerá aquí”, concluye Luciana.
Un entorno de constante controversia
Durante mucho tiempo, el zoológico de Luján fue una de las atracciones turísticas más debatidas en Argentina por su enfoque de “interacción directa” entre el público y los animales salvajes. En el lugar, se permitía alimentar o incluso fotografiarse con leones y tigres, entre otros animales exóticos, lo que generó advertencias de organismos y expertos en bienestar animal.
Las primeras alertas surgieron en 2019, cuando el Ministerio de Ambiente afirmó que el recinto infringía la legislación provincial que prohíbe el contacto directo con los animales. A pesar de las precauciones colocadas para vedar el acceso a recintos, las visitas demostraron que la gente seguía accediendo a las áreas restringidas.
Con la llegada de la pandemia, y tras un nuevo recorrido en agosto de 2020, el Ministerio identificó más de 600 irregularidades: ausencia de identificación de especies, inconsistencias en el registro, sospechas de traslados o muertes no registradas, maltrato animal, y supuesta aplicación de sedantes para mantener tranquilos a los animales. Fue entonces cuando se decidió cerrar el lugar y abrir un debate sobre el destino de este espacio y sus habitantes.
