Los comentarios de Lopérfido sobre el fallecimiento y el futuro de la legislación de eutanasia con el nuevo Congreso

“No he recurrido a ella aún, pero el simple hecho de saber que la tengo a mi disposición me trae tranquilidad. La eutanasia representa la muerte más liberal”, expresó el domingo Darío Lopérfido (61), quien en el pasado dirigió el Teatro Colón, desde su residencia en España. Hace un año enfrenta la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y siente que ya no es el mismo. “El Darío de antes de la enfermedad ya no existe”, continúa.

Eutanasia: Perspectivas desde diferentes países

España implementó la legalización de la eutanasia en 2021. Este año, Inglaterra se unió a esta legislación. Al otro lado del Río de la Plata, Uruguay adoptó la ley hace casi dos meses. ¿Y en Argentina? La espera sigue, observando de cerca los debates externos y acumulando proyectos que aún no encuentran su oportunidad en una agenda cargada de urgencias. A medida que el año legislativo llega a su fin, surge una pregunta inevitable: ¿cuál es nuestra posición actual?

Reflexiones desde el ámbito médico

“No podemos ignorar lo que sucede en Uruguay al otro lado del río. Por las noches, desde la costanera, casi parece tangible”, comenta en Clarín Mario Sebastiani, médico especializado en Obstetricia del Hospital Italiano y firme defensor de la legalización del aborto.

Sebastiani dedica semanalmente entre cuatro y cinco horas a dialogar sobre eutanasia con equipos de Uruguay, Perú, Colombia y Brasil. Se entrega completamente a una discusión que él considera una deuda de la sociedad argentina. Detrás de esta cruzada hay vidas que cargan con su propio dolor. “María Ludueña (63), con amputación de una pierna y relegada a una cama durante siete u ocho años, con la imposibilidad de actuar”, añade. Su caso está en manos de la Justicia, esperando en marzo un fallo de la Suprema Corte bonaerense sobre el derecho a la eutanasia.

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El complicado camino de la legalización

Existen diversas historias similares, individuos atrapados en un sufrimiento invisible. Sin embargo, cada vez que el Congreso intenta abordar la eutanasia, emergen otras prioridades.

“Argentina enfrenta obstáculos para centrarse en la eutanasia. Este año tuvimos elecciones intermedias y para la estrategia legislativa, tratar este tema puede significar una pérdida de votos”, comenta Sebastiani y agrega una sorpresa: “Las cifras que tenemos son alentadoras; tanto la UBA como el Conicet reportan un respaldo del 70% de la población”.

“Saber que lo tengo a mi disposición me sosiega”, afirmó Darío Lopérfido sobre su opción por la eutanasia en España.

Según una encuesta del observatorio Pulsar de la UBA, el 76% está a favor de permitir elecciones personales acerca de la propia muerte. Otro estudio de la Universidad de San Andrés arroja un 79% de apoyo en situaciones médicas extremas. El avance social sobre estos temas supera a la velocidad política.

Disponibilidad de recursos legales

Lopérfido solo puede mover una mano y una pierna. Su cuerpo ya no le responde totalmente. Puede seguir trabajando, pero “en casa, de manera oculta”. Tiene claro que el día que no pueda escribir o compartir con su hijo, se marchará de este mundo. A diferencia de Argentina, España ofrece esa posibilidad.

En Argentina, el único recurso disponible es la ley de muerte digna y las directivas anticipadas. “La ley de muerte digna es algo completamente distinto a la eutanasia. Se renuncia al tratamiento. Si decido dejar de comer, nadie me obligará a alimentarme por sonda”, dice Sebastiani.

Las directivas anticipadas permiten registrar por escrito qué tratamientos aceptar o rechazar, en situaciones donde la persona ya no puede decidir. Esto se hace en pleno uso de facultades, con autonomía y dignidad, pudiendo designar a un representante.

“Se redacta para un futuro con inconsciencia. Si se enfrenta a una invalidez significativa o una calidad de vida no conforme a sus valores, la persona puede decidir no seguir tratándose”, aclara Sebastiani.

Proyectos actuales y descartados

A finales de noviembre, un nuevo proyecto para regular la eutanasia se presentó en el Congreso. El diputado mendocino de la Unión Cívica Radical, Lisandro Nieri, lideró la iniciativa junto a legisladores de su bloque como Pamela Verasay, Karina Banfi, Atilio Benedetti, Fabio Quetglas y Martín Tetaz. Este proyecto, que altera el Código Penal, guarda similitudes con la ley uruguaya.

La propuesta sugiere un marco legal donde individuos con enfermedades incurables o dolores crónicos puedan recibir asistencia para morir. Se debe reiterar la solicitud con quince días de intervalo y puede ser revocada en cualquier momento. Será gratuita en instituciones públicas y privadas.

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Otro proyecto en curso es el de Miguel Ángel Pichetto, parecido al de la UCR, aunque diferencia entre eutanasia activa y suicidio asistido. “El proyecto de Pichetto me pareció más avanzado”, confiesa Mario Sebastiani.

Por otro lado, las propuestas de Ana Carolina Gaillard y Gabriela Estévez presentadas en 2024, perdieron su estado parlamentario a finales de noviembre y ya no son debatibles.

Reflexiones personales y confrontación con la fe

Darío Lopérfido se describe como “un hombre en busca de la fe que nunca encontró”. Su afirmación no es arrogante, pero la compasión le resulta insoportable. Cree que si ahora se volviera creyente, sería “un oportunista tratando de ganar méritos ante la proximidad del final”. Con las pocas fuerzas que le restan, el ex funcionario afirma: “No podemos decidir nuestro nacimiento, pero sí nuestra muerte”.

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Sebastiani coincide. “La religión argumenta que la vida es un don de Dios, quien nos la da y nos la quita. Sin embargo, nosotros creemos en la libertad, la autodeterminación, la privacidad, el sufrimiento y la dignidad”, explica Sebastiani.

No tengo interés en saber hasta qué punto puede llegar mi capacidad de soportar el dolor o el deterioro físico”, señala Darío Lopérfido.

El médico evoca el debate sobre el aborto, una lucha que persiguió durante 40 años. “Las mujeres morían o enfermaban. ¿Y quiénes eran estas? Las más pobres. Aquí, en cambio, enfrentamos vidas indignas en diversas partes”, comenta Sebastiani.

El especialista espera ver cómo se desempeña el nuevo Congreso, pero confía en que para 2026 podría producirse el esperado debate sobre la eutanasia. Mientras, Lopérfido respira, escribe, resiste, igual que muchos, dentro de un cuerpo que considera “una prisión”.

“Uno puede atravesar una enfermedad terminal siempre y cuando la vida no sea solo un espanto. Cuando queda solo el espanto, es necesario recurrir a las drogas, el sexo o, si se vive en un país que lo permita, la eutanasia: el mayor logro de la humanidad para quienes no tienen esperanza y solo enfrentan el infierno”.

Y concluye con tristeza: “Siempre amé la belleza. Convertirme en algo feo es una de las cosas más difíciles”.

El Hospital Universitario Austral, asociado a la Iglesia Católica y en contra de la ley del aborto, fue consultado por Clarín para ofrecer su visión sobre la eutanasia, pero hasta ahora ha preferido no emitir opinión.

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