El gerente de Hospitalidad, Santiago Ponce de León, recibe a los visitantes de Clarín en la recepción de la Trump Tower con una copa de champán. Este rascacielos de la Golden Mile, rodeado de otros edificios de prestigio como Le Parc, Tiburón y Lobos, es un símbolo de lujo en Punta del Este. Desde su apertura en 2022, tras diez años de construcción, ha desplegado una amplia gama de servicios exclusivos.
Una torre sofisticada en Playa Brava
Ubicada en la Parada 9 de Playa Brava, la Trump Tower se levanta como un imponente cilindro de vidrio que refleja el mar. Su entrada destaca por un tótem y un hall con pisos de mármol, siempre lleno de movimiento: desde vecinos con mascotas, surfistas hasta empresarios que cierran negocios. El 80% de los propietarios de sus 28 pisos son argentinos, aunque las normas de privacidad impiden revelar identidades. “Existen figuras renombradas del ámbito político y empresarial, pero prefieren el anonimato”, revela sigilosamente un habitante del lugar.
El lujo discreto y su comunidad exclusiva
En el piso 22, uno de los 13 ascensores nos deja en un amplio living de 510 metros cuadrados. Aquí, los precios por metro cuadrado rondan los U$ 6.000, y las expensas mensuales superan a U$ 3.000. Alquilar un departamento puede costar entre 40.000 y 45.000 dólares quincenales, lo que limita su acceso a un selecto grupo. Rolando Rozenblum, uno de los residentes y anfitrión del encuentro, destaca que este no es solo un lugar de lujo, sino un espacio donde los problemas de mantenimiento no existen, permitiendo a sus habitantes enfocarse en su trabajo y estilo de vida sin preocupaciones.
La experiencia de un servicio exclusivo
Más allá de su arquitectura moderna, la Trump Tower ofrece servicios impensados: piscinas internas y externas, un spa y gimnasio de primer nivel, áreas de parrilla y un bar privado para los dueños. También dispone de personal preparado para atender toda clase de solicitudes, desde pasear mascotas hasta gestión de eventos. Una banda interna, “Los Trumposos”, compuesta por propietarios y empleados, proporciona entretenimiento con conciertos en el área de la piscina, reforzando una comunidad única y cohesionada.
Los residentes destacan el trato impecable del personal y los servicios de hotelería de lujo, comparables a los mejores hoteles del mundo. Este nivel de atención personalizada se traduce en un ambiente familiar donde la discreción y la convivencia pacífica son la norma.
La combinación de arquitectura espectacular, atención personalizada y un fuerte sentido de comunidad hacen de la Trump Tower un lugar privilegiado. “Es un microcosmos de lujo sobrio y eficacia operativa”, comenta Christian, otro residente que prefiere mantener el anonimato.
Finalmente, mientras nos despedimos, el gerente retoma un gesto simbólico con una última copa de espumante. Esta experiencia revela no solo un estilo de vida exclusivo, sino un refugio donde el lujo es sinónimo de tranquilidad y comodidad.
