No fue simplemente otra imagen de montaña en los reels de Instagram celebrando logros alpinos. El 7 de enero de 2026 se inscribirá en la historia como el día en que tres alpinistas rusos, tras haber escalado la cara oriental del Monte Fitz Roy, ejecutaron un atrevido salto BASE desde la cumbre, un evento sin precedentes en este icónico lugar de la Patagonia.
Equipados con wingsuits (trajes con alas) y paracaídas, los rusos realizaron un descenso que duró casi tres minutos desde una altitud de 3.000 metros.
La hazaña, capturada solamente en fotografías hasta ahora, rápidamente se viralizó en redes y medios especializados. Este evento también encendió un acalorado debate sobre las regulaciones de deportes extremos en zonas naturales protegidas como el Parque Nacional Los Glaciares, donde dichas actividades no están permitidas.
Los protagonistas de este logro son Boris Egorov, Vladimir Murzaev y Konstantin Jäämurd, tres escaladores rusos conocidos en las plataformas de redes sociales y en publicaciones especializadas bajo el nombre de Dirty Climbers. Además de escalar la ardua vía Royal Flush, que cuenta con 1.250 metros de acentuada verticalidad, planificaron y llevaron a cabo lo que describen como “una nueva salida aérea espectacular” desde la cumbre.
Egorov, el más conocido de los tres en Instagram, donde publica imágenes de sus vuelos extremos, definió la experiencia como “una inmensa pared, un ascenso de varios días y una salida completamente novedosa”. Añadió que “tuvimos muchísima suerte… ganada por nuestra experiencia de vida”. Curiosamente, aún no ha compartido el video del salto, quizá esperando su edición.
Ahora, ¿quiénes son estos escaladores rusos que aparecen en las principales portadas de medios internacionales?
Boris Egorov es el guía del equipo. Experto en ascensiones técnicas, conocidas como “escalada tradicional”, también es aficionado a “volar” desde alturas extremas, actividad que practica desde hace más de diez años. Ha subido fotos desde el Fitz Roy, el Cerro Torre y otras cumbres de la Patagonia.
Vladimir Murzaev se identifica como especialista en vuelo con wingsuit y salto BASE, compartiendo en numerosas publicaciones imágenes y videos de sus entrenamientos en entornos alpinos y descensos desde montañas en Rusia y Asia Central, siempre como parte de los Dirty Climbers, “exploradores de vuelo y aventura”.
Acompaña el grupo Konstantin Jäämurd, conocido por su presencia constante con Egorov y Murzaev. En sus perfiles, Jäämurd combina fotos de escaladas técnicas con registros de vuelos desde los mismos puntos en la Patagonia.
El grupo había realizado anteriormente saltos BASE desde otras cumbres patagónicas, como el Cerro Torre en El Chaltén, la Aguja Saint-Exupéry y Mojón Rojo, siempre tras complejas escaladas que requieren tanto de planificación logística como de habilidad técnica.
Límites de la aventura extrema en entornos regulados
El salto BASE (siglas en inglés de Edificio, Antena, Puente y Tierra, las cuatro categorías desde las cuales se puede saltar) difiere del paracaidismo tradicional, puesto que implica lanzarse desde estructuras fijas como montañas o riscos usando paracaídas o trajes de alas. Desde el Fitz Roy, el vuelo duró cerca de tres minutos a partir de una altura superior a los 3.000 metros antes del despliegue de los paracaídas para el aterrizaje.
Pero este salto se llevó a cabo en un contexto controversial. El Parque Nacional Los Glaciares, custodio de entornos únicos como los del Fitz Roy, prohíbe actividades de vuelo, ya sea BASE o parapente; según sus normas, cualquier actividad no explícitamente permitida se considera como prohibida.
Las imágenes y relatos de Egorov y sus socios motivaron nuevamente un debate antiguo entre aventureros, administradores y protectores de la naturaleza sobre si estas disciplinas deberían ser reguladas en parques nacionales o si, por el contrario, deberían quedar prohibidas.
Opiniones encontradas y el futuro del salto BASE
Especialistas en montañismo entrevistados por medios internacionales advierten que este tipo de actividades puede complicar las operaciones de rescate y poner en peligro no solo a los practicantes, sino también a los equipos de socorro en caso de una emergencia.
Entre los comentarios de admiración y las críticas, en foros especializados en montañismo y vuelo, varios usuarios describieron el salto como “una evolución natural” de actividades que se han estado practicando en la región desde los años 80, cuando tuvieron lugar los primeros vuelos en parapente desde cumbres de la Patagonia, como los llevados a cabo por los hermanos alemanes Pinn en 1988 o por escaladores como Pablo Pontoriero en fechas más recientes.
No obstante, otros recuerdan que el salto BASE sigue siendo menos documentado y presenta más riesgos.
Mientras tanto, Boris Egorov, Vladimir Murzaev y Konstantin Jäämurd han asegurado su lugar en la historia del montañismo extremo y en las redes sociales de aventureros de todo el orbe.
AS
