La carga del silencio

Con cierto asombro, un hombre que ronda los 50 años, que trabaja como técnico de la construcción, me dijo: “En mi juventud, lo peor que podían llamarte era afeminado”. Y ahora le sorprende lo que sus hijos le relatan: “A muchos que son simplemente heterosexuales los vemos como reprimidos”. Parece que siempre hay un paradigma que se debe acatar para evitar el castigo social.

La Fuerza de la Sexualidad

La sexualidad tiene un impacto tan potente que puede ser que por eso no se la deje ser libre. ¿Por qué interesa tanto con quién comparte su vida una persona? Algunos afirmarán que son fantasías que no se expresan, otros sostendrán que la libertad sexual lleva a una liberación personal vista como una amenaza. Ambos tienen sus razones y están vinculados a una sociedad que busca la homogenización: seguir la norma se convierte en la norma. A esto se suma el peso del silencio. Durante mucho tiempo, lo que no se decía -pero se intuía- representaba vergüenza. Si no se podía nombrar, ¿cómo expresar “soy gay” o “soy lesbiana”? Expresarlo significaba un quiebre.

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El Sufrimiento Oculto

Es verdad, en Argentina jamás se vivió lo que ocurre en otras culturas donde tener una relación con alguien del mismo sexo estaba (y todavía está) castigado con prisión, violencia física, crímenes de honor e incluso la muerte. Sin embargo, también es cierto que el dolor era interno. Eran vistos como desviados.

El Silencio de las Palabras

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Recuerdo bien la omisión en el lenguaje. Una vez, tal vez tenía unos 10 años, leí en una publicación que Raphael, el cantante español, era homosexual. Al preguntar a mis padres su significado, me prometieron explicarme luego. Otro ejemplo: en la escuela donde mi madre trabajaba, había una colega a la que siempre se debía invitar con su amiga. Siempre estaban juntas, pero no había términos para describirlas (¿los adultos acaso los tendrían?). Debía ser extraño ser alguien sin nombre, y vivir pendiente de que alguien susurrara la palabra que podía causar oprobio.

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Con tanto empeño en ocultar, ¿cómo no va a ser liberador un simple beso con una persona del mismo sexo? Un acto pequeño, pero una plenitud jamás experimentada.

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