Un estudio reciente sobre las inyecciones populares para perder peso, publicado en el British Medical Journal (BMJ), arroja luz sobre el “efecto rebote” asociado a la suspensión de este tratamiento.
La serie de medicamentos que emergió globalmente con innovaciones como Ozempic y Wegovy, y que en Argentina se popularizó aún más con las versiones locales, presenta un aspecto no tan discutido: ¿qué sucede al interrumpir el tratamiento? ¿Se pueden evitar efectos adversos?
La problemática es crucial en el manejo de fármacos como la semaglutida, un área delicada donde los médicos actúan con prudencia. ¿Es viable que los pacientes abandonen las inyecciones, o dado que la obesidad es una afección crónica, se necesita un tratamiento continuo?
Las condiciones médicas no son idénticas para todos. Lo que puede funcionar para un paciente, podría no ser aplicable a otro. Existen profesionales que, apoyados por ciertas investigaciones, intentan reducir cuidadosamente las dosis semanales de semaglutida.
El estudio publicado en el BMJ explora una inquietud común: ¿qué tanto se recupera el peso al dejar de usar las inyecciones? Además, ¿qué ocurre en comparación cuando se detiene una dieta? ¿Cuál de los dos escenarios conduce a un retorno de peso más acelerado?
Antes de responder, es importante señalar que estos nuevos medicamentos facilitan una pérdida de peso sin precedentes en la historia, y en un tiempo extremadamente corto. La cuestión es si lo que se obtiene rápidamente también se desvanece con rapidez.
Comparación de Recuperación de Peso
Investigadores de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, determinaron que el peso perdido con semaglutida se recupera en menos de la mitad del tiempo comparado con cuando solamente se sigue una dieta.
Con base en los ritmos mensuales de recuperación de peso, se calculó que el retorno al peso original sucede en 1,7 años cuando se dejan las inyecciones, frente a 3,9 años con la dieta. Sin embargo, esta historia tiene matices importantes a considerar.
Medicamentos y Nutrición
La comparación incluyó la observación del tiempo necesario para volver al peso inicial tras detener el uso de las inyecciones versus interrumpir una dieta alimenticia estricta. Similar observación se realizó en los marcadores cardiometabólicos, que mejoran con la semaglutida. En este último caso, se regresó al punto de partida en 1,4 años.
Este metaanálisis incluyó a 9.341 individuos con periodos de tratamiento que variaron entre 11 y 176 semanas (con un promedio de 39 semanas) y un seguimiento sin medicación de entre 4 y 104 semanas (promedio de 32 semanas).
Perspectivas Médicas
Fabiana Vázquez, especialista en Nutrición y Diabetes del Hospital Británico, destacó que “menos del 10% de los pacientes pueden dejar la medicación sin recuperar su peso por completo. Normalmente son aquellos que logran adoptar cambios en sus hábitos alimenticios y actividad física”.
Vázquez clasificó los medicamentos en dos categorías: los que curan y los que controlan síntomas. Medicamentos como la semaglutida pertenecen a esta última categoría, controlando la obesidad como enfermedad crónica. Normalmente, no se recomienda interrumpir el medicamento, salvo en casos excepcionales.
Dependencia del Medicamento
La directora de la Diplomatura de Hipertensión, cardiometabolismo y dislipemia de la Universidad Católica Argentina, Paola Harwicz, explicó que dejar de usar un tratamiento para una enfermedad crónica lleva al regreso de los síntomas. En este sentido, la obesidad es una enfermedad crónica y muchos no comprenden completamente lo que esto implica según la ciencia actual.
Harwicz detalló que las funciones biológicas que el medicamento regula desaparecen al suspender su uso, matizando que el efecto rebote varía considerablemente según la cantidad de peso perdido y la historia clínica del paciente.
Estos hallazgos pueden resultar útiles para quienes consideran estas drogas por motivos estéticos, ya que perder peso rápidamente sin modificaciones de estilo de vida conlleva riesgos, como repunta la comunidad médica.
Sin embargo, para aquellos que lidian con la obesidad y no logran resultados con dieta y ejercicio, la semaglutida es un soporte clave. Quienes dejan de depender de ella usualmente enfrentan dificultades.
A medida que el acceso a estos medicamentos se expanda mediante costos más accesibles, no sería sorprendente ver que los pacientes sigan necesitando el tratamiento inclusive a largo plazo. Todo esto viene con la incertidumbre de posibles efectos secundarios no previstos en el futuro, una cuestión que preocupa tanto a las entidades de salud pública como a laboratorios.
