La situación en Playa Grande, donde Malena y Felicitas han puesto sus reposeras prácticamente dentro del mar, tiene varias causas. Si bien las mareas altas no son nada nuevo, su frecuencia ha aumentado, intensificando la erosión costera. Además, aunque los balnearios operan dentro de los límites legales, el espacio que ocupan no se reduce, y las excavaciones necesarias para devolver la arena a las playas parecen cada año más urgentes.
Efectos visibles y preocupación creciente
Este problema se ha difundido ampliamente esta temporada gracias a videos de turistas, sorprendidos por la carencia de espacio público en la playa, y se agrava después de cada sudestada, afectando a Mar del Plata y causando daños en otras áreas del Partido de la Costa.
Los responsables de los balnearios, agrupados en su cámara respectiva, insisten en que no han colocado más carpas de las permitidas. Por otro lado, el Ente Municipal de Turismo asegura que supervisa activamente, confirmando que todos los concesionarios cumplen con las normativas. Lo lamentable es que cuando el nivel del mar sube, los más perjudicados son los turistas.
Soluciones propuestas y errores a evitar
Las partes interesadas, tanto empresarios como funcionarios, están de acuerdo en que se necesita una solución como la obra de refulado realizada hace 28 años, la cual trasladaba arena de otras áreas a estas playas.
En 1998, gracias a la Comisión Mixta para la Recuperación del Puerto y las Playas, se llevó a cabo un refulado que distribuyó casi 2 millones de metros cúbicos de arena en varias playas como Playa Grande, Varese, y otras. El costo fue de 25 millones de dólares.
No obstante, los científicos del Conicet sugieren un método más económico: utilizar maquinaria pesada y camiones para redistribuir arena acumulada de forma natural en otras áreas deficitarias, mejorando así las condiciones de las playas antes del inicio de la temporada.
El geólogo Federico Iñaki Isla, un experto en el tema, explicó a un medio que es viable mover arena desde áreas con excedentes, como entre el balneario 24 de Punta Mogotes y el puerto, hacia donde se necesite.
En algunas áreas del Partido de la Costa, la arena migra hacia dunas sin construir, mientras que en Villa Gesell se sugirió obtener arena de zonas no urbanizadas para reforzar playas céntricas que presentan erosión.
Isla, con una vasta experiencia en la geología costera, recuerda cómo desde joven observaba el retroceso de la costa. La erosión y la contaminación se han convertido en problemas significativos a lo largo del litoral bonaerense.
Desde su residencia en La Perla, con una vista directa al mar, Isla analiza el desafío común que enfrentan todas las playas con balnearios, donde demasiada infraestructura se acerca peligrosamente al agua.
Eventos como la sudestada de mayo pasada exacerbaron el problema, causando que el trabajo de dragado en el puerto se perdiera, destacando la necesidad de un manejo más eficaz de la arena.
El experto enfatiza que los efectos del fenómeno no son solo naturales sino también agravados por la intervención humana, y advierte que cualquier refulado futuro debe evitar repetir errores pasados, como la utilización de arena demasiado fina.
Además, subraya que el cambio climático ha acelerado el ascenso del nivel del mar, lo que inevitablemente aumenta la vulnerabilidad costera, haciendo imperativa una gestión sostenible y una revisión de las prácticas y concesiones existentes.
Finalmente, Isla concluye que la preservación del patrimonio público debe ser una prioridad, tanto en la playa como en la ciudad, para evitar una apropiación indebida que sacrifica espacios que pertenecen a todos.
