Sufre pérdida de ojo por petardo durante fiesta privada de Año Nuevo en Patagonia

Ignacio “Nacho” Leiva había planificado iniciar el año de manera distinta. El 30 de diciembre concluyó una década de trabajo en una compañía dedicada a productos veterinarios para dedicarse a un nuevo negocio gastronómico. Para celebrar el Año Nuevo de forma especial, se trasladó desde su hogar en General Villegas (Buenos Aires) hasta San Martín de los Andes (Neuquén) junto a su pareja y amistades.

La noche del 31, en vísperas de su cumpleaños, asistió a una festividad al aire libre. Con el cambio de año, su vida también cambió, pero no de la manera que esperaba.

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Entre las 3 y las 3:30 de la madrugada del primero de enero, “Nacho” celebraba la llegada de 2026 en medio de un grupo de baile durante una fiesta denominada “Cherry- Edición Picheo 808”. Este evento tenía lugar dentro de unas carpas en el establecimiento Santa Clara, en San Martín de los Andes.

Súbitamente, un ruido similar a una explosión se escuchó. Nadie comprendía lo ocurrido hasta que su pareja y amigos notaron que “Nacho” tenía el rostro cubierto de sangre.

Ignacio “Nacho” Leiva sufrió la pérdida de un ojo al estallarle un petardo en el rostro durante una celebración privada en San Martín de los Andes.

Un petardo impactó justo en su ojo izquierdo.

Lo que era una celebración entre amigos se convirtió en una pesadilla. Con el rostro herido y entre el tumulto de la fiesta, “Nacho” comenzó a pedir auxilio a gritos.

Rodeado de más de 1.400 personas, tuvo que confiar solo en sus allegados, quienes lo ayudaron a salir de la carpa en un intento por encontrar una ambulancia que pudiera atenderlo de inmediato.

“Al llegar a la fiesta, había visto una ambulancia y corrió hacia ella, pero no la encontró. Desesperados, atravesaron la ruta 40 y encontraron una ambulancia que atendía otro caso. Al ver la gravedad de su situación, lo subieron y llevaron al hospital de San Martín”, narra Josefina Leiva, hermana de “Nacho”, a Clarín.

El afectado recibió atención médica, pero debido a la severidad de la lesión, fue transferido al Hospital Universitario Austral en Pilar, costeando el tratamiento él mismo. La operación del sábado intentó salvar estéticamente el órgano, pero la pérdida de visión fue irrevocable.

Problemas con los organizadores del evento

Josefina relata que los responsables del evento nunca ofrecieron apoyo a la familia y que los mensajes en redes no correspondieron a la realidad.

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“Inicialmente negaron que mi hermano estuviera presente. Tras la presión pública, asumieron la responsabilidad, mencionando erróneamente que lamentaban haber terminado antes la festividad. Realmente, lo lamentable es que un joven de 34 años perdió un ojo. También afirmaron que lo asistieron rápidamente, lo cual no es cierto. El evento tenía supuestamente medidas de seguridad, pero el control de acceso era mínimo”, explica.

Investigación en curso

La familia ha emprendido acciones legales mientras “Nacho” estaba hospitalizado en San Martín de los Andes. En la comisaría del Arenal se tomaron declaraciones a él, su pareja y amigos. Josefina comenta que la policía local no inició pesquisas hasta que la familia hizo público el incidente.

“La fiesta tenía una habilitación sin la firma del Concejo Deliberante, solo la del intendente Carlos Saloniti. Creemos que esto debería ser investigado. Además, en San Martín de los Andes hay una prohibición de pirotecnia desde 2020, pero no se respeta”, agrega. Los organizadores identificados son Marcos Tomás González y Gonzalo Schmid.

Nacho sigue hospitalizado tras la operación, enfrentándose a un gran daño emocional. En su cumpleaños número 35, enfrenta la realidad de un futuro incierto donde sus planes deberán esperar para permitir su recuperación.

El testimonio que más conmocionó a sus allegados fue su propio relato del miedo vivido esa noche: “Me impactó ver que todos me miraban y nadie acudía en mi auxilio,” compartió con su hermana. Desde el primer momento, al cubrir su rostro ensangrentado, intuía la pérdida de su ojo.

“La recuperación de Nacho será larga y complicada. Somos de General Villegas, a 500 kilómetros de Pilar, por lo que es un desafío estar presentes, alquilar un lugar en Buenos Aires. Nadie se hace responsable por lo sucedido, ni los organizadores ni nadie”, concluye Josefina.

EMJ

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