“Prepárame dos choclos que iré a comprar unas cervezas”. Ninguna de las personas presentes—ni el visitante argentino, ni Dirli, quien atendía el puesto 69, ni los demás comerciantes de la playa—pudieron anticipar que esa sencilla frase desencadenaría un enfrentamiento con golpes y patadas, que tomaría relevancia en las redes.
La disputa se vivió el 30 de diciembre en la playa central de Camboriú, justo en la avenida Atlántica. Tal como reportó Clarín, los principales implicados fueron un turista argentino y varios vendedores del área.
La playa como escenario del incidente
Esta playa es la más extensa y famosa de la localidad, con casi seis kilómetros de arena fina. Es un destino habitual tanto para turistas internacionales como locales, con bares, restaurantes y áreas recreativas como canchas de vóley y fútbol.
Las distintas versiones del conflicto
El video que se volvió viral mostraba una pelea por lo que parecía ser un engaño en la adquisición de dos mazorcas. Sin embargo, de acuerdo con el relato de Dirli, encargada del puesto 69, la realidad era distinta.
Dirli ha estado trabajando en este lugar por más de una década. Hace 12 años que dirige su puesto de venta de choclos y lleva 14 años dedicada al turismo, habituada especialmente a tratar con argentinos. No logra entender aún lo ocurrido aquel día.
El turista había llegado solicitando dos choclos, cuyo precio era de 15 reales cada uno. Antes de irse, mencionó: “Prepara los choclos que voy por unas cervezas”. Pagó con tarjeta y se retiró. Transcurrió casi una hora y regresó alterado.
Visitó el kiosco contiguo, atendido por Jessica, acusando de haber sido engañado. “El argentino llegó muy agresivo y entró en el kiosco alegando que lo habíamos robado”, explicó la comerciante, revelando que el turista mostraba su celular exaltado.
El visitante exhibió su celular donde figuraban dos compras. Jessica trató de aclararle que la transacción de su kiosco era de 20 reales, mientras que la otra, de un nombre distinto, era de 270 reales.
A pesar de las aclaraciones, la tensión aumentó. “Estaba alterado y vociferando, le dije que se retirase del local”, narró Jessica. Poco después, el turista dirigió su atención hacia el puesto 69.
Dirli, mostrando un moretón del altercado, contó que el hombre comenzó a gritarle a su hija y a exhibir su celular con enojo. Según Dirli, el turista se encontraba fuera de sus cabales, incluso llegó a golpear una silla y a patearle el brazo sin intención, pero visiblemente alterado.
Otros comerciantes intervinieron. Un vendedor con camisa amarilla propinó una patada que derribó al turista argentino. “Aquí el personal actúa para proteger. Creo que es absurdo que alguien venga a agredir a una mujer aquí, es un cobarde”, comentó Dirli respecto al proceder de sus compañeros.
Intervención policial y consecuencias
El incidente atrajo la atención policial. Dirli mostró su identificación y comprobantes de pago. “Cuando llegó la policía fui a mi terminal y demostré mi identidad y todas las transacciones”, aseguró.
No había registro del consumo del turista en sus documentos. “Él mostró el celular donde no figuraba ningún cobro a mi nombre”, explicó Dirli. El turista mencionaba otro negocio llamado Marlín, que desconocen.
El desenlace provocó denuncias mutuas y un intenso escrutinio en las redes. Dirli afirmó que su situación desde entonces cambió drásticamente, soportando amenazas provenientes de diversos peligros.
Afirmó que no intentó engañar al turista. “Los choclos cuestan 15 reales desde el año pasado. El plato cuesta 20 reales”, defendió mientras señalaba los precios en su puesto. Dirli insiste en que el problema no fue la transacción, sino el estado etílico del turista. “Una confusión y un estado de ebriedad desataron esta situación complicada”, concluyó.
Casada con un argentino y madre de una joven de 18, Dirli nunca había enfrentado algo semejante. “En los 14 años que trabajo en turismo nunca experimenté algo así”, afirmó.
Un altercado por dos choclos, combinado con confusión y alcohol, desencadenó un debate sobre la convivencia y la seguridad en un destino preferido por turistas argentinos.
